Acerca del autor
Vicente Jiménez Ifergán nació en Casablanca, Marruecos, hijo de padre católico, nacido en Melilla, y madre judía. Creció entre dos tradiciones y distintas formas de entender la realidad, una circunstancia que marcaría profundamente su manera de mirar el mundo. A los cuatro años, su familia se trasladó a España, donde pasó parte de su infancia y juventud, principalmente en Málaga, hasta que, a los diecisiete años, decidió emprender su propio camino.
Israel fue su primera gran experiencia fuera de España, donde permaneció varios años y sirvió durante tres en el ejército israelí. Siendo todavía muy joven, vivió de cerca la guerra del Líbano de 1982, una etapa dura y decisiva que le enseñó disciplina, responsabilidad y a desenvolverse en circunstancias difíciles.
Después llegaron Europa y África. Durante una década vivió y trabajó en distintos países africanos, vinculado al comercio internacional de diamantes en bruto. Recorrió regiones remotas y minas aisladas, afrontando largos trayectos por caminos de tierra, a veces casi intransitables por el barro, el agua y los profundos baches. Para llegar a lugares más alejados, tenía que desplazarse en pequeñas avionetas que aterrizaban en precarias pistas de tierra abiertas en la selva.
Atravesó fronteras inestables y vivió situaciones extremas en las que el peligro, la adrenalina y el instinto de supervivencia formaban parte de la vida cotidiana. Aquellos años terminaron de forjar un carácter resistente, capaz de reaccionar bajo presión y tomar decisiones rápidas en circunstancias difíciles, y le dejaron una mirada profunda sobre la ambición, el miedo, la lealtad y los límites del ser humano en situaciones extremas.
A su regreso a Málaga, tras años de viajes y una vida marcada por el riesgo y la aventura, desarrolló una amplia trayectoria empresarial, principalmente en el sector inmobiliario, aunque también impulsó proyectos vinculados a la gastronomía y al arte antiguo. Al mismo tiempo, profundizó en una pasión que lo acompañaba desde muy joven: la historia y la arqueología. Llegó a reunir una importante colección de piezas arqueológicas e impulsó en Málaga un proyecto museístico dedicado al mundo fenicio.
Durante más de cuatro años recorrió distintos enclaves del Mediterráneo a bordo de su velero, siguiendo antiguas rutas de navegación fenicias y visitando yacimientos, puertos históricos e islas vinculadas a aquella cultura. En numerosas ocasiones se sumergió en busca de vestigios arqueológicos, combinando navegación, buceo e investigación.
Su vínculo con Ucrania comenzó mucho antes de la guerra. Tras una relación de once años, en 2015 se divorció de su segunda esposa, de nacionalidad ucraniana, con quien tuvo un hijo. Desde entonces mantuvo una estrecha relación personal y familiar con el país. En 2021, durante uno de sus viajes a Kiev, conoció a Sofi. Cuando comenzó la invasión rusa, en febrero de 2022, viajó hasta la frontera para recogerla junto a su familia y organizó el primer autobús de refugiados procedente de Polonia que llegó a España, con destino a Málaga, una iniciativa que alcanzó una amplia repercusión en los medios de comunicación.
En viajes posteriores regresó a Ucrania con un propósito inicialmente humanitario: llevar ayuda y acompañar a quienes seguían viviendo bajo el peso de la guerra. Sin embargo, lo que comenzó como una misión de apoyo terminó situándolo, casi sin pretenderlo, en algunas de las zonas más expuestas del frente, junto a soldados ucranianos.
Pero el origen de su escritura es muy anterior. Desde los diecisiete años, cuando abandonó Málaga, comenzó a escribir un diario en el que fue anotando sus vivencias, viajes, encuentros, pérdidas, decisiones y acontecimientos que marcaron distintas etapas de su vida. Durante décadas, aquellas páginas permanecieron como una memoria privada.
En 2025 decidió poner por escrito una parte de todo lo que había vivido y guardado durante décadas. Sus diarios, sus recuerdos y muchas historias que nunca había contado se convirtieron en el punto de partida de Los secretos de Sofi. Con la escritura comenzó una nueva etapa: una forma de volver sobre lo vivido, ordenar la memoria y sacar de dentro todo aquello que el tiempo no había conseguido borrar.
Para él, escribir no significa inventarse otra vida. Significa regresar a la que ya vivió.